1 V

El tren maldito oscuro, recorría traqueteando en silencio las grandes rutas oscuras de una larga noche. Hacía algún tiempo, no sabía decir cuánto, que pernoctaba en aquel maldito tren negro, tan amargo como un viaje sin retorno. Y esa, era precisamente, la impresión que tenía. La de que era mi último viaje, para bien o para mal. 

Desde mi asiento podía mirar hacia la ventana. Sin embargo, la mayoría de las veces no se podía ver nada. De súbito, el tren hizo una parada, y me dispuse a levantarme con la intención de salir pronto de allí. Para mi pesar, no había ningún modo de salir del aquél tren, ya que no había las clásicas puertas automáticas de los trenes, no existían. Lo que había en su lugar eran cortinas negras que oscilaban de un lado a otro, como en un encanto fúnebre. 

El Tren Negro

El tren negro seguía su marcha hacia algún lugar para mi desconocido. Mientras tanto, deambulaba intentando buscar una salida. 

En otro instante de parada, vi una ventana abierta al exterior, y lo que pude ver no me gustó en absoluto, entré en pánico. 

La gente de aquél lugar, donde estaba brevemente parado el tren, se estaba despedazando. Se arrancaban los miembros con fuerza atroz. Podía escuchar cómo era el sonido del crujido sordo de la rotura abrupta de los huesos. También pude apreciar con incredulidad, cómo la sangre brotaba de aquellos miembros desgarrados, como una fuente de sangre.

En medio de aquella descomunal carnicería, donde los gritos eran un coro infernal, yacían los cuerpos descuartizados y amontonados al fondo. Era una montaña escultural de cabezas cortadas, vísceras ensangrentadas, corazones arrancados, ojos, partes corporales desmembrados… y parecía el escenario macabro de algún propósito maligno. 

El tren, en ese mismo momento, había abierto las puertas exteriores. Entonces se oyó el clamor de los desgarradores alaridos cuya intensidad parecía aumentar a cada segundo. 

Casi sin aliento, mi angustia era tal, que el horror que estaba contemplando, llenaba mi alma de un miedo casi sublime y perturbador al mismo tiempo. 

El resto de los pasajeros oscuros del tren salían en tropel, corrían despavoridos, huían de aquél lugar horrendo donde se estaba produciendo la masacre de terror y de amputación humana. 

Todo lo que hacían era desgraciadamente inútil, sus vidas no se iban a salvar. Aquellos monstruosos agresores, los alcanzaban, y tan poderosa turba, hacía inútil los intentos de huída de cualquiera. 

Aquellos seres que se descuartizaban entre ellos, eran más fuertes, más salvajes, y más despiadados, seguramente por el largo tiempo que llevaban cometiendo aquellos actos impuros. Algo en aquél lugar les otorgaba poder sobrenatural. 

El tren negro inició la marcha de nuevo. En aquél instante, casi hasta me alegraba de estar todavía en el tren.

La Segunda Parada

El tren en marcha de nuevo pronto cogió velocidad de marcha constante. Yo había dejado atrás aquél horror, pero algo en mi interior me decía que aquello no había terminado. Y así era. 

El tren en marcha de nuevo pronto cogió velocidad de marcha constante. Yo había dejado atrás aquél horror, pero algo en mi interior me decía que aquello no había terminado. Y así era. 

El tren hizo otra parada después de un largo tiempo de trayecto. No sabría decir cuán largo había sido aquel período de tiempo, pero lo suficiente para meditar profundamente sobre lo que había visto. Estaba compungido y aterrado, todo se hacía extremadamente pesado en ese maldito tren. 

Ahora desde la única transparencia ventanal donde podía hacer una fotografía del exterior, se veía una explanada ardiendo con fuerza. El sonido característico de la combustión, se escuchaba con fuerza sobrenatural. Era un sonido muy elevado, que hacía que mis sentidos percibieran que se trataba de la erupción de un volcán. Ese poderoso sonido me estremecía. 

Mis piernas temblaban débilmente, y mis brazos se apoyaban contra el marco de aquella fatal ventana. Mi fuerza, mi valor y mi esperanza, eran consumidas por la contemplación de aquél fuego horrendo que ardía descomunal. 

Lo más inquietante era prever lo que pasaría a continuación. El tren seguía impávido, quieto como un ataúd en un funeral. Parecía frenado quizás por el incesante fuego. Pero las pesadillas, a veces superan a las propias pesadillas, y el fuego cambió su color característico, por un color blanquecino. 

Fue entonces, cuando aparecieron entre aquellas llamas, algunos rostros desencajados de personas, con expresiones de dolor horrendas, y consumidos por algún poder que les sometía. 

Se pedían ayuda unos a otros en tumultuosa manifestación de dolor. Lloraban sin cesar y con desgarradores gritos de dolor. Me emocioné de tal modo, que yo también rompí a llorar con gran tristeza. 

En ese momento, el tren volvió de nuevo a abrir puertas, y nuevamente, la gente que aún quedaba en el tren salió de él. Algunos miraban hacia atrás, se despedían de lo que hasta ahora había sido un refugio maldito, pero al fin y al cabo, un refugio. 

Me parecía irracional que salieran del tren, puesto que una vez fuera del tren, la situación era extremadamente mucho más inquietantemente peligrosa, por no decir infernal.

El tren arrancó de nuevo, pero no sin antes recibir el impacto de algunos cuerpos humanos, pertenecientes a la gente que acababa de salir de él. Intentaban aferrarse de nuevo, como fuera, al tren. Sin embargo, aquél crematorio humano habría de ser  su destino ya para siempre. 

Lo que se proponían hacer para volver al tren era inútil, puesto que nada más tener contacto con el tren, un artilugio parecido a un sistema de cuchillas oscilantes, los cortaba en pedazos.

Pensaba en mi interior, que no cabía ya más horror en aquél maldito tren, y en el maldito viaje, pero estaba equivocado. 

El tren avanzaba en su recorrido nocturno, el interior de los vagones era oscuro, muy oscuro, y por supuesto no podía ver o distinguir a nadie allí. 

El tren siguió, y siguió con su avance diabólico, durante el cual, el tren era atacado sin cesar desde afuera, por unas fuerzas cada vez más sobrehumanas y sobrenaturales. 

Primero vi que eran bustos parecidos a hombres con armamento pesado, apuntando hacia el tren, y descargando toda su potencia bélica con un estruendo ensordecedor,. Todo tipo de artefactos y bombas incendiarias llegaban a impactar de lleno en el tren, lo que hacía retemblar la estructura de acero. Pero el tren seguía impoluto, sin daños que le hicieran descarrilar o hacer explosionar.

Travesía Maldita

El trayecto del tren maldito proseguía su marcha, y yo desgraciadamente dentro de él, veía cada vez cosas más atroces durante el mismo.

 El tren volvería a ser atacado por, esta vez, por gigantescas monstruosidades, aberrantes y malignas, que intentaban parar el tren a toda costa, pero sin éxito. 

El tren maldito cumplía su función sin piedad. Cada vez que algún ser se acercaba los suficiente para tocar el tren, saltaban en pedazos, envueltos en una mezcla de sangre, tripas y tendones.

El tren volvió a hacer otra parada, y esta vez una puerta se abrió para mí. Baje dos escalones, y pise tierra firme con alivio. 

Di la vuelta y pude ver lo que hasta ahora había sido toda mi vida, un tren gigantesco por su altura, y sus extraordinarias dimensiones, un tren negro por fuera, y iluminado con luz blanca por dentro.

Con todo, era un tren horrible. Aparté la vista rápidamente, quería olvidarme de aquel tren y de lo que había visto a través de él. 

Intenté alejarme, cuando el tren avanzó nuevamente en su marcha. Vi como pasaban los malditos vagones, cuando algo me distrajo.  Se trataba de unos monstruos grotescos, que por lo visto, venían siguiendo al tren.

Eran cientos, todos sedientos de venganza y de sangre, y entre sus descomunales bocas, traían miembros humanos, que devoraban con gran ferocidad.

Bueno contra aquello, nada podía hacer, así que mi muerte era ya casi inminente.

Fin.

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